Es igual si crees en Cristo, Moisés, Buda, Krishna, Marx, Paris Hilton, Christian Dior, en ninguno de ellos o en todos a la vez. Cree en ti, cree en el ser humano, confía en que aún hay esperanza para encontrar un camino, una pequeña luz, un impulso que nos permita seguir adelante y ser felices de vez en cuando. Confía en la perra vida, que es puñetera pero hay que vivirla. Te quiero. Os quiero. Me quiero. Quiero seguir queriendo. Y puede que el amor nos salve de las miserias o al menos, las haga más soportables.
como una ramera, como un pendón, como un egoísta, como un esclavo, como yo.
jodiéndolo todo, creyendo en nada revolcándome en el lodo, subiendo la montaña y ahogándome en el fondo del puto lago azul, como su mirada. negro, como el futuro. incoloro, como todo lo que he desechado y hoy, de nuevo, acojo.
Los Pies del mundo hoy caminan por las veredas de asfalto y violencia, pero el corazón de los humildes es más fuerte que los cañones y bombas.
La Paz para la humanidad No vendrá de fuera Ni se construirá con armas nucleares, Ni llegará sólo por acuerdos de gobiernos.
Llegará como la aurora para este mundo maltratado
y ya casi cansada, llegará de la mano de los simples, de la gente humilde, de los pobres de la tierra, y será anunciada por la boca de los niños y niñas, y al sonido de la música de jóvenes valientes.
cada año al llegar esta época íbamos al cementerio con un cubo, trapos, botes de pintura, cepillos, pinceles, brochas, aguarrás...durante varios días se preparaban, raspaban viejas pinturas, se definían las letras de nuevo, se pintaba la lápida para que pareciese nueva, se tiraban flores viejas, se limpiaba a fondo. yo miraba a mi madre realizar estas cosas mientras paseaba por las tumbas de los vecinos, los parientes lejanos, la gente del pueblo. las mujeres estaban hablando mientras hacían la limpieza, se encontraban, comentaban, rumoreaban, recordaban...como hacían al encontrarse en el mercado, pero éste era el puesto de los muertos.
cuando llegaba el día de los muertos, íbamos con un buen ramo de flores para honrar la memoria de los nuestros. es difícil expresar lo que sientes cuando eres un niño y ves tu nombre en una pequeña lápida blanca. me habían explicado muchas veces que ése no era yo, que era mi hermano mayor, en honor del cual me habían puesto su nombre. yo no sabía muy bien la diferencia entre el niño del cementerio y yo mismo. dos personas hijas de los mismos padres y que se llaman igual, ¿no habían de ser la misma? racionalizar con 7 años no suele ser fácil.
han pasado los años. mi madre ya no va a limpiar la lápida, ni la abuela, ni la tía jose, ni el tío félix, ni el tío juan, ni charito, ni el vecino pepe, ni maria josé la compañera de hospital de mamá, ni flora, ni milagros...cuando te mueres, la limpieza es algo muy relativo, hay mejores cosas en las que pensar.
ya había pasado un año desde la última vez que lo había visto de lejos, camino de la estación. estaba ahí fuera, lo sabía, le había dado tiempo a intuirlo por el rabillo del ojo antes de meterse apresuradamente en el servicio. la discoteca de bote en bote como cada verano, todos los forasteros habían venido al pueblo una vez más. también él. ¿y qué podía hacer para no parecer un imbécil cuando se topase con...?
fue inevitable que todo acabara así: tan precipitado, tan cutre, tan frío, con fingida indiferencia...
lo peor de todo es que sabía que volvería a ocurrir. sólo tenía que salir de su apestoso escondite, cruzar una mirada y todo volvería a repetirse. se arrastraría, suplicaría, vendería su alma por un poco de cariño...mentiroso, comprado, interesado y vacío...pero cariño, un poquito de cariño...